Al hablar de los factores abióticos y bióticos estamos haciendo referencia a factores ambientales y componentes ecológicos que contribuyen a mantener un ecosistema, siendo parte importante para el correcto funcionamiento de los mismos. Los elementos vivos de un ecosistema son los factores bióticos, desde los animales, plantas, hongos, humanos, bacterias, virus y protozoarios. Por otro lado, los factores abióticos son los elementos no vivos en un ecosistema desde cuerpos y cursos de aire, agua, suelo y la luz solar.

Todos estos elementos son necesarios para el desarrollo de un ecosistema, pudiendo influir en diferentes niveles. Los factores abióticos y bióticos constituyen factores que determinan la naturaleza, ya que son los que limitan el crecimiento excesivo de las poblaciones. Por ejemplo, las cantidades de agua en determinado hábitat o factor abiótico es la que determinará el número de especies que allí vivirán. La depredación o el factor biótico limitará el número de presas, donde si este número es bajo, se disminuye el número de depredadores.

Al relacionarlo a los alimentos y la nutrición, podemos decir que los probióticos son los organismos vivos que ingerimos, que en ciertas cantidades pueden tener efectos beneficiosos en el organismo. Los alimentos prebióticos tienen sustancias no digeribles que estimulan de forma selectiva el crecimiento de bacterias en la flora intestinal, favoreciendo así diferentes funciones del organismo. Los elementos simbióticos resultan por la unión de productos probioticos y prebioticos, siendo en muchos casos los prebióticos casi siempre carbohidratos, tal como la oligofructosa y la insulina.

Desde su aparición se han realizado muchos estudios, donde se puede deducir actualmente que los alimentos con pro y simbióticos tienen aplicaciones en el ámbito farmacéutico, con beneficios más allá de los nutricionales. El uso de este tipo de alimentos se ha estudiado y relacionado con diversas enfermedades digestivas, entre las que destacan las que presentan alteración en el equilibrio de la flora gastrointestinal. Esto viene por la modificación de la composición de la microfibra, actuando contra los patógenos entéricos.

Otros estudios demuestran que los alimentos prebioticos y simbioticos modifican la respuesta que tenemos en el ámbito inmune específico y no específico, incrementando de forma significativa el número de linfocitos circulantes, así como se estimula la fagocitosis y secreción de interleuquinas, que aumentan el rol defensivo de la mucosa y la protección contra daños funcionales y estructurales en patógenos entero virulentos. Fomenta en la industria alimentaria la concepción de nuevos alimentos funcionales, los que están enriquecidos con simbióticos y prebióticos.

Se han tenido resultados alentadores con respecto al uso de probioticos, prebioticos y simbioticos en el ámbito terapéutico, pero aún se necesita más estudio, con los cuales se pueden determinar las dosis óptimas, así como la duración de tratamiento en diferentes personas y diferentes afecciones de acuerdo a sus necesidades y estados nutricionales. En todo caso se recomienda mantener una dieta equilibrada y sana, incluyendo alguno de estos alimentos, aunque no debe estar basada únicamente en ellos ya que puede tener efectos negativos y no aprovechar todos sus beneficios.

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